viernes, abril 10, 2015

Atente a tu tonta tarea y programación


El segundo del tema del vídeo enlazado arriba me hace bastante gracia, como casi todo lo que hace Mamá Ladilla: Atente a tu tonta tarea.

La primera vez que oí algo parecido fue hace bastantes años, cuando era pequeño y vi Tron (la original) por primera vez. En el último tercio de la película tiene lugar el siguiente diálogo:

Flynn: "Bueno chicos ya sabéis, seguid haciendo lo que se supone que tenéis que hacer aunque parezca una locura."
Tron: "Sí. Eso es lo que pasa con los programas."
Flynn: "Siento decepcionarte pero la mayoría de las veces eso mismo pasa con los Programadores."
Tron: "Extraño e increíble."

El diálogo tiene enjundia: podríamos atacarlo desde el punto de vista del libre albedrío, por el prisma de la exención de responsabilidad ante una autoridad superior, por la tésis de que lo creado siempre tiene elementos de quien lo crea... Pero hoy me apetece ser un poco más prosaico y hablar un poco sobre programación.

Hace bastantes años, en los albores de la informática, mi padre me dijo que los ordenadores era tontos. Aquella concepción se refleja bien en otro magnífico diálogo de la misma película:

Alan: "Algunos ordenadores pensarán pronto."
Walter: "Ja, sí, será estupendo: las computadoras empezarán a pensar y las personas dejarán de hacerlo."

Aunque esta visión acerca de la capacidad de los ordenadores está bastante desfasada sí sirve para ilustrar la realidad de los programadores, ahora más que nunca, pues los lenguajes de alto nivel han convertido el programar en una serie de procesos automáticos e invisibles para el programador. Y tanto el auge de dichos lenguajes como el aumento en la complejidad en las plataformas de desarrollo han venido a dar con la siguiente (e incómoda) realidad: no tenemos ni idea de lo que hace nuestro programa a un nivel básico. Yo trabajo con Visual Studio 2010 y desarrollo en C# .NET. Es una plataforma potente y que permite que hasta un inútil como yo haga algo como una aplicación web funcional y publicable. El control de código predictivo funciona tan bien que ni es necesario prestar atención a la sintaxis, y las alarmas de error saltan a la mínima. Las plantillas son tan complejas que prácticamente no merece la pena empezar de cero y se opta por adaptar una de las existentes. El interfaz gráfico funciona tan bien que ya no merece la pena meterse a editar el html directamente (aunque yo, orgulloso de mi pasado a golpe de notepad, no use dicho interfaz).Y así un sinfín de ayudas suplementarias que buscan hacerle la vida más fácil al programador.

¿El resultado de todo esto? Una cosa buena y otra mala: la buena son aplicaciones fáciles de crear; la mala son programadores perezosos, es decir, malos programadores.

En otra ocasión comentaré mis pensamientos acerca de la automatización y de sus ventajas e inconvenientes, pero considero conveniente exponer aquí un aviso que afecta a todos los que trabajamos con máquinas: cuanto más inteligente es la máquina más capacidad tiene para automatizar procesos cognitivos que en épocas pasadas recaían sobre los hombros del operador de dicha máquina, y de esa manera la misma se arroga cada vez más atribuciones al tiempo que el operador tiene cada vez menos. En este cuadro es obvio que lo deseable sería que el operador, al verse descargado de tareas tediosas utilizase ese tiempo y esa energía ganados para ejecutar procesos superiores. Pero la realidad suele ser la contraria, a saber, que el operador hace cada vez menos y pasa paulatinamente a ser un controlador, alguien que vigila mientras la máquina ejecuta sus procesos.

Yo, al escoger una plantilla prefijada de proyecto en Visual Studio, pongo en marcha una serie de procesos automáticos que crean el proyecto, los componentes esenciales, las plantillas css, una página de inicio, un fichero de configuración, y un largo etcétera. Con un sólo clic ya tengo hecho algo que de normal llevaría mucho más tiempo desarrollar. Esto, que a priori es algo bueno, tiene el efecto colateral de que a mí, como programador, ya no me hace falta saber cómo se crea un proyecto a mano. Cedo mi control al programa en una tarea cognitiva compleja, y de paso me ahorro pensar y tomar decisiones que afectarán a un nivel básico al devenir del proyecto, por ejemplo algo tan prosaico como la nomenclatura de nombres de archivo. Es decir, a menos que yo luche activamente contra ello y me ponga a hacer tareas manualmente, el programa me hará peor profesional.

Huelga decir que la celeridad es la mayor ventaja de ceder el control a las máquinas, y en un gremio donde (en general) los plazos de entrega siempre son cortos, esta cesión de control se ve como un mal menor al compararlo con las (aparentes) ventajas que ofrece. Los gestores ven en estos programas una ventaja pues el producto tarda menos en hacerse y el tiempo es dinero. Es un producto de menor calidad y la cualificación profesional necesaria es igualmente menor, pero hay ganancia, y eso es lo más relevante de la ecuación.

La conclusión es que la tarea de los programadores (y de otros gremios) es cada vez más tonta, entendiendo por tonta aquella que requiere menos procesos mentales para ejecutarse. No tendría por qué ser así, y de hecho es muy posible luchar contra esa tendencia, pero es necesario hacerlo activamente. El cerebro tiende a economizar y a hacerse perezoso, y las máquinas, poderosas ayudantes en multitud de campos, nos ayudan también a eso.

Bostezos a rector 2015

Bueno, pues ya estamos de nuevo en campaña electoral para escoger al rector (¿para cuándo una rectora?). Esta santa casa donde trabajo desde hace ya años cuenta con una idiosincrasia muy peculiar, pero en época de elecciones tiene un funcionamiento muy parecido a cualquier otro ente público: carteles, mítines, promesas, pancartas... ruido en general.

Y el que suscribe, considerando despreciable todo tipo de ruido, considero pues igualmente despreciable todo este proceso, toda esta pantomima de la cual somos presa regularmente mis compañeros y yo.

Todos los candidatos son iguales en lo esencial, todos ellos parecen cortados por el mismo patrón. Esto es como ese capítulo de Futurama en la cual hay elecciones a Presidente de la Tierra y los dos principales candidatos son dos clones, de nombres John Jackson y Jack Johnson respectivamente. Y es que esa sensación de aire ya respirado, de película vista mil veces campa por sus respetos estos días por mi centro de trabajo, y todos lo llevamos como podemos. Hay quien da la bienvenida a toda esta bendita parafernalia aunque sea sólo por romper un poco la monotonía; hay quien dice que hay trabajo que hacer y que no tiene tiempo para tonterías; hay quien lo intentar ver desapasionadamente y sólo entra al trapo en los desayunos... en el fondo es la misma canción de siempre, con los mismos acordes, el mismo tema al que sólo le han cambiado un par de comas y algún punto y seguido. Aún así quedan algunas personas que realmente piensan que estas elecciones llevan a una puerta que da a un buen cambio, intrépidos buceadores que, o bien después de haber abierto mil ostras aún les queda esperanza de encontrar la perla, o bien que llevan demasiado poco tiempo buceando como para darse cuenta del reparto de probabilidades de encontrar dicha perla.

Ambos (magros) colectivos tiene mi admiración, pues todos estos procesos se me antojan largos como un día sin pan, y como tal soy presa del deseo de que terminen recién han empezado. Pero esa paciencia que (dicen) llega con la edad, tan necesaria para hacer frente a esto, parece que ha salido huyendo también, igualmente harta de grandilocuencias, de promesas que se incumplirán, de corruptelas y conventillos, de palabras dichas una y otra vez. Como esta entrada.

En unos meses sabremos quién dirigirá (ja) los destinos de la UCM durante los próximos años. Entre tanto toca respirar y centrarse en las cosas importantes. Como siempre vaya.

miércoles, febrero 11, 2015

A mí me viene la Vodafone una vez al mes

Esta mañana, inmerso en mi mundo de encefalograma plano habitual al coger el metro por la mañana para ir al trabajo, escuché la conversación de una chica y un chico que estaban justo detrás de mí. Dicha conversación fue motivada por la malhadada coletilla "Vodafone" que la chica de megafonía coloca delante de todo lo que tiene que ver con la vieja y querida línea 2 del Metro de Madrid, roja ella, a saber, "...correspondencia con línea 2 VODAFONE". Ahí, pegado con chicle. Yo a fuerza de escucharlo ya ni le hago caso pero se conoce que a éstos dos jóvenes que comentaba aún no debían estar vacunados, les entró la risa y comenzaron a bromear al respecto con frases bastante ingeniosas:

-"Claro, ahora todo lo rojo es Vodafone."
-"¿Sí? Pues yo tengo varios amigos que son Vodafone."
- "Anda, y el coche de mi padre también es Vodafone."
- "Mola. Y algunos de esos amigos incluso son Vodafone de verdad."
- "A mí me viene la Vodafone una vez al mes."

Aunque me hicieron gracia los chicos no pude evitar pensar que lo han conseguido: los hijos de mala madre de VF han conseguido que integremos como algo normal el horror que supone la superposición del nombre de su empresa a algo tan público y tan madrileño como la Puerta del Sol o la mencionada línea 2 de Metro. Qué lástima.

Aunque la pugna de lo Público vs. lo Privado no es nueva no puedo evitar ver que éste no deja de invadir parcelas de aquel. Lentamente, inexorablemente, como la marea va invadiendo la playa cuando sube. Y a nuestra espalda un acantilado impracticable ¡Ay de aquellos que no tengan escafandra!

Ahora que cada palo aguante su vela.

domingo, febrero 01, 2015

¿Título? ¿Para qué?

-A veces lloro sin querer...
-Como yo, Calabazas, como yo.

Una y veintidos minutos de la tarde. Más de diez cervezas en la bolsa de reciclaje. Este monitor nuevo en esta mesa nueva vibra cuando tecleo. Antes no pasaba. No debería pasar. Y no soy yo.
Ahora que la nube de inspiración se desvanece esto no parece tan buena idea. A fin de cuentas... ¿quién va leer estas lineas en este olvidado lugar de este universo en crecimiento constante y exponencial? Tal vez yo, o tal vez otros.

A lo que iba. Los ladrones van a la oficina es una gran serie porque tiene a los mejores. Y quien no vea esto lo lamento profundamente por él o por ella. ¿Caspa? Sí, desde luego. ¿Y qué no está nevado en este país? Hemos abrazado lo extranjero con las mismas garras con que el converso agarra su nueva fe. Ahora tecleo sin más filtro que el intentar mantener una ortografía mínima. Por yo qué sé por qué razón escribo esto en un notepad en vez de en un Word, que me señalaría las correcciones automáticamente. Vete a saber las razones. ¿Romanticismo? Puede. Siempre he sido un romántico para lo bueno y para lo malo. El caso es que encuentro el notepad refrescante y sereno, blanco y sencillo. No hace nada sin que yo se lo diga. De hecho no hace nada, sólo espera mis instrucciones. Echo de menos aquella informática. A lo mejor dentro de 20 años echaré de menos ésta de ahora. A lo mejor en 20 años sigo escribiendo aquí y lo puedo contar. A lo mejor dentro de 20 años he conseguido despìezar todos los retales de conocimiento que me llegan para llegar a hacer un destilado, un elixir de sabiduría.

A veces creo que la sabiduría es una carga. En serio. A veces, en ciertos momentos de lucidez... el momento ha pasado. Es una pena. El pensamiento era bueno, creo. Pero lo he olvidado. ¡Ah sí! La sabiduría es la consciencia de saber que el conocimiento es inútil si lo amontonas solamente, igual que el grano de cebada es inútil almacenado es un silo. Hay que fabricar algo con ello. Cerveza a ser posible. Mucha. Me encanta la cerveza. Te contaré, si llevo 11 latas desde las siete de la mañana... Ahora estoy pensando que a lo mejor el pensamiento no era tan bueno. Pero puede serlo si hago algo con ello.

Este es el blog de la debilidad. Los seres humanos escribimos cuando no podemos hacer, cuando no podemos actuar. Somos seres de actos, de realidades. Las palabras no sirven, como decía Alberti, heridas de muerte ante el vendaval de la vida, ante su grandeza y su miseria. Y yo escibo cuando me siento debil, vulnerable. Pero no tanto como para mostrar la yugular, no... no tanto. Me pongo panza arriba en este blog, pero guardo mi cuello. Mi cuello sólo lo muestro a mi amor, a mi chica, a mi dama.

Una y cincuenta minutos. Ahora debería hablar de mi dama, de mi amor, pero no lo haré. No me salen las palabras y éstas no le harían justicia, ni a mí tampoco. Estoy panza arriba, y sea una opinión afilada o una caricia en el lomo tendrán el mismo efecto. No me puedo creer lo lento que soy escribiendo, media hora para esta media página apenas de pensamientos, de esperanzas.

Estoy de vuelta en mi cueva. Hola a todos y a todas.

lunes, septiembre 30, 2013

Chantaje emocional

Hoy quiero hablar del chantaje emocional, y de esas veces donde lo usamos casi sin darnos cuenta.

Vaya por delante que hay pocas cosas que odie más que el chantaje emocional. Muy pocas. Lo políticos de este país por ejemplo, pero no muchas más. Esa clase de chantaje implica utilizar la culpabilidad en un tercero como medio para obtener un fin, implantando esa culpabilidad o potenciando la ya existente.

La culpa es una poderosa brújula para el comportamiento, una motivación de las más potentes que existen. Sólo el miedo compite con ella a la hora de empujar al ser humano a realizar una acción.

Pero hay dos grandes diferencias entre ambos sentimientos. El primero es que la culpa es algo propio de los humanos, capaces de analizar sus propias acciones y de juzgarlas, mientras que el miedo lo compartimos con el resto de mamíferos, y también con otras familias.
La otra gran diferencia entre ambos es su cualidad: el miedo es constructivo y la culpa destructiva. Voy a detenerme aquí para verlo más en detalle:

El miedo surje del instinto de supervivencia, lo cual le dota de un cierto aspecto constructivo, que no es otro que acometer las acciones necesarias para garantizar la seguridad de poder seguir respirando.

La culpa surje de un juicio y de la asunción de un error como propio unidos a cierta actitud mental vulnerable. Es con esta actitud cuando la suma entre la asunción del error, más la consciencia de que los actos pasados no se pueden cambiar, genera, por un lado tristeza por la visión del error cometido, y por el otro frustración porque ya no se puede hacer nada para enmendar dicho error: no hay solución, ni esperanza.
En la culpa se pueden ocultar también otras cosas tales como la necesidad de autoflagelarse o el autoengaño, pero en general todos sus componentes tiene en común una cosa: son autodestructivos. La culpa es autodestructiva, siempre.

Hago un inciso aquí para señalar que es perfectamente posible asumir un error sin dejar que la culpa se haga con el control. La asunción del error es algo positivo mientras que la culpa no es sino un constructo cuyos pilares son esos sentimientos negativos.

Bien. Llegados a este punto resulta sencillo de entender que no hay mejor manera de doblegar la voluntad de una persona que inundarla de sentimientos de culpabilidad. Alguien experto en manipular de esta manera puede reducir, con tiempo, a alguien a una mera sombra de sí mismo, a una cáscara vacía de todo salvo de tristeza. Con esa actitud no hace falta poner trabas a la persona pues es ella misma la que lo hace, y de una manera mucho más eficaz. La voluntad queda aplastada por el peso del recuerdo de los errores cometidos y ese mismo peso ahoga cualquier atisbo de posible recuperación y de mejora.

La culpa mata. Literalmente.
Hay que apartarla, desterrarla.

Insisto de nuevo, desterrar la culpa no implica desterrar la responsabilidad por los propios errores, sino colocar esa responsabilidad en el rol que le corresponde: el de lección para aprender de ella.
Hay pocas cosas más sanadoras que este ejercicio de replantearse los errores y de ponerlos en un lugar adecuado. Pero sigamos donde estaba.

Volviendo al chantaje emocional, éste forma parte de los numerosos mecanismos de defensa que tenemos en un entorno social. No quiero tanto defenderlo como señalar que hay situaciones, especialmente en discusiones de pareja, donde el chantaje emocional es una herramienta cotidiana a la hora ganar una posición dominante sobre el otro. Es algo lógico pues hay pocas situaciones donde las personas estemos más vulnerables que en una discusión con nuestr@ compañer@ de vida. A esto hay que añadir otro elemento distorsionador: uno puede despertar sentimientos de culpa en el otro sin que haya intención de hacerlo. Y, tanto si el otro se da cuenta (en cuyo caso se enfadará por el intento de manipulación), como si no (en cuyo caso se quedará con la culpa como un peso adicional) el daño estará hecho. En el primer caso la otra persona identificará un intento de chantaje emocional. En el segundo la otra persona se sentirá triste y frustrada.

¿Y qué situaciones pueden dar lugar a este malentendido tan peligroso? Habitualmente las discusiones o conversaciones donde los sentimientos se explican como motivadores de las acciones.

Veamos el siguiente ejemplo: "No lo hice para evitar una discusión contigo".
En esa sentencia se está poniendo al interlocutor como responsable de una acción ajena, de la cual posiblemente no tuviera siquiera conocimiento. Se cumple tanto la condición de mostrar el error ("mi pareja considera que discutimos inutilmente") como la de la incapacidad de solucionarlo.

Vamos con otro: "Como quieras. A partir de ahora me quedaré callad@"
En esta sentencia se violenta al interlocutor presentándole como motivo de una acción represiva contra uno mismo. Se cumple la condición de presentar esto como un error propio, unida al hecho de la impotencia ante un curso de acción ajeno.

Estos dos ejemplos anteriores son frases que, de seguro, todos hemos oído o dicho en algún momento. Y es que no es sencillo tener una conversación con sentimientos involucrados, tanto más cuando muchas veces no se tiene una idea clara de la naturaleza de los mismos. Pero es precisamente en este pantanoso terreno donde es más necesaria la prudencia y la atención al discurso, tanto a lo que se dice como al cómo se dice. De otra manera el peligro de caer en el chantaje emocional será máximo. Y de esa puerta nunca sale nada bueno.

Si el miedo es como un bisturí, el chantaje emocional es una muerte lenta por asfixia.
Ahora, que cada palo aguante su vela.

Un saludo.

miércoles, septiembre 25, 2013

Entrada cumpleañera

Revivo momentaneamente a este querido zombie. Por costumbre, imagino, más que por necesidad o ganas.

Estas dos noches pasadas he estado revisando algunas entradas de este blog, el cual tiene ya más de una década de existencia. Hay de todo, pero en general las entradas casi siempre buscan, o buscaban, dar salida de una manera u otra al malestar, dolor o inquietud que tuviera en ese momento.

El tiempo ha pasado y he cambiado mis dolores e inquietudes por otros distintos. Ahora este espacio está desierto. Ya no es un reflejo de ellos, ni una puerta abierta para mis conocidos y amigos.

Tal vez eso sea la muerte, el reconocimiento de cuándo algo ha dejado de servir a su propósito, y entonces se deja llevar, desaparece, se olvida. Siguiendo esta idea, dejando a un lado cuestiones biológicas evidentes, hay personas muertas hace siglos que están más vivas que nunca, y hay personas vivientes que hace años que murieron. Igual pasa con las relaciones, las obras de arte, las palabras, en general a todas las obras humanas. La muerte sólo llega cuando llega el olvido.

"Cuando yo no exita, tú jamás habrás existido".
Conan el Bárbaro es una película con una música impresionante y los diálogos justos y necesarios.

Yo me resisto a olvidar este blog, a dejarlo morirse en paz, a que lo que contiene se disuelva en ese océano de información donde moramos en la actualidad. Lo mantengo en coma, por si alguna vez necesito volver a él.

Ayer cumplí 34 años y hoy tengo el siguiente pensamiento: mirar más lejos sólo me sirve para ver más niebla.

Hasta luego.